Venezuela conmemora el día internacional contra la discriminación racial

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Aunque parezca mentira, en pleno siglo XXI, todavía el tema de la discriminación por la descendencia racial de una persona sigue estando vigente. Países en diversos continentes tienen que vivir a diario como sectores de sus sociedades prefieren separar a las personas por el color de su piel, su acento, o su procedencia.

La discriminación es como una enfermedad silenciosa, no presenta síntomas en sus inicios pero acaba siendo mortal para la paz de las sociedades. Todo comienza como un juego de chistes y señalamientos, aderezados por el maltrato verbal o físico en forma de acoso.

Con las acciones, un sector de la sociedad comienza a separar a grupos poblacionales por sus diferencias étnicas y a darles limitaciones en el disfrute y ejercicio de sus Derechos.

El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial justamente se celebra el 21 de marzo de cada año, por conmemorarse el cruel asesinato de 69 personas en Suráfrica, en 1960, cuando la policía abrió fuego en una manifestación pacífica contra las leyes de pases del apartheid que se realizaba en Sharpeville.

Al proclamar el día seis años más tarde, la Asamblea General instó a la comunidad internacional a redoblar sus esfuerzos para eliminar todas las formas de discriminación racial en su resolución 2142 (XXI).

Pero esta proclama es una declaración de lucha. Aún hoy, países en el mundo tienen evidencia de discriminación, normalmente relacionada con los flujos migratorios y la presencia de refugiados en su territorio.

Desde insultos y agresiones físicas hasta carteles que impiden ingresar a ciertos establecimientos a personas de un origen o raza. Aún en pleno siglo XXI seguimos padeciendo este mal.

En Venezuela, hacia la década de 1990 comenzaron a aparecer en ciertos locales del este y sureste de Caracas letreros que discriminaban a las personas por su origen racial o por su vestimenta.

Aquello que comenzó como algo invisible provocó la reacción contundente de la sociedad, señalando a los locales, y dejando de asistir a ellos, hasta que los carteles fueran eliminados.

Aunque fueron criticados, nunca hubo una acción legal o una posición oficial del Gobierno de turno. Fue hasta el año de 1999, con la llegada de la Revolución Bolivariana, que el Presidente Hugo Chávez Frías habló por primera vez de forma oficial del reconocimiento de Venezuela como una nación multiétnica, con sus orígenes raciales en pueblos indígenas y africanos.

El tema del valor del afroamericano y el indígena para Venezuela empezó a tomar fuerza, y se crearon espacios propicios para el respeto y reconocimiento racial y la lucha contra la discriminación.

Hoy Venezuela goza de una sociedad consciente del respeto de las etnias y razas  que la constituyen. Y valora la coexistencia de árabes, judíos, afroamericanos, chinos, europeos con las etnias originales de esta sagrada tierra.

Prueba de ello es la posibilidad de que estas comunidades puedan tener el pleno disfrute de sus Derechos como ciudadanos y a su vez, puedan reunirse en organizaciones y comunidades que festejan sus orígenes.

Aún en la sociedad venezolana quedan secuelas muy pequeñas de estos grupos discriminatorios, aunque son ampliamente rechazados, su presencia hace que la lucha por la eliminación de la discriminación racial no se detenga.

Los medicamentos que consumimos terminan en el océano

A través de la orina, elimina entre el 50 y el 90% de la pastilla que tomó

A través de la orina, elimina entre el 50 y el 90% de la pastilla que tomó

¿Dolor de cabeza después de una jornada agotadora de trabajo? La solución, la tenemos muchas veces al alcance de la mano, en la mesa de noche: dos antiinflamatorios, con un vaso de agua y se acabó el problema.
Fin del dolor para los humanos, pero, probablemente, el inicio de una real amenaza para los peces. Los residuos de los medicamentos son los nuevos contaminantes de las aguas del planeta.
Resulta que la próxima vez que usted vaya al baño, renovado y probablemente sin dolor de cabeza, eliminará, a través de la orina, entre el 50 y el 90% de la pastilla que tomó para aliviar el dolor. Estos residuos viajan por el desagüe y van a parar a las aguas servidas.
Al no existir mecanismos de depuración 100% efectivos, los residuos regresan a las aguas donde peces, crustáceos y miles de especies marinas terminan consumiendo el resto de ese medicamento que los humanos desechamos.
Los científicos europeos están alarmados por la situación. En Francia, un grupo de investigadores encontró residuos de ibuprofeno, aspirina y antidepresivos en las superficies de ríos cercanos a Burdeos y hasta en el famoso río Sena, que atraviesa la ciudad de París.
Philippe Garrigues, del Instituto Nacional de Investigación (CNRS, por sus siglas en francés) de Francia, ha recomendado  realizar estudios para medir el impacto a largo plazo que puede tener para la salud humana la presencia de estos residuos en el agua. En la especie marina, causa  problemas en la reproducción y además baja las defensas de su sistema inmunitario.
A un ser humano el diclofenaco (más conocido como Voltarén) le puede desinflamar un tobillo o eliminar su dolor de espalda. Pero el impacto es negativo cuando este fármaco llega a una especie marina. Puede, por ejemplo, disminuir su fertilidad.
María del Pilar González, de la Oficina de la ONU para el apoyo al Decenio Internacional para la Acción del Agua, asegura que para  los científicos una de las soluciones es modernizar y actualizar los métodos de depuración del agua. Hoy en día solo se elimina el 40% de estos incómodos residuos.
Pero la otra parte de la solución está en nuestras manos. Los investigadores aseguran que hay que ir a la fuente del problema, según la Organización Mundial de la Salud, el 50% de los fármacos son empleados de manera inapropiada.