Caracas, Bolívar y el sismo del 26 de marzo de 1812

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Venezuela recordó aquél 26 de marzo de 1812 que el paraíso divino que representa también está expuesto a los fenómenos naturales, cuando un terremoto devastador sacudió las entrañas de la nación.

Tiempo después, hacia la década de 1940 y debido a los daños, se pudo determinar que aquél sacudón de la tierra había alcanzado la increíble cifra de 7,7 en la escala sismológica de Ritcher, o escala de Magnitud Local.

Era un jueves santo, las autoridades españolas estaban urgidas de mantener el control, sobretodo en las principales ciudades donde los criollos tenían presencia. Las festividades religiosas estaban sirviendo para mantener a la población subyugada bajo los principios de la Corona española.

De pronto se sintió el estruendo del suelo, y el terremoto de dos minutos de duración causó aproximadamente 10.0001 a 20.000 muertes en ciudades como Caracas, Barquisimeto, Mérida, El Tocuyo y San Felipe.

Lo increíble es que durante el suceso, los clérigos realistas y frailes predicadores hicieron creer al pueblo que se trataba de un castigo del Cielo (por ser jueves santo), “por la sublevación de los patriotas contra el legítimo soberano, el virtuoso Fernando VII”.

Aquello era inaudito, en vez de socorrer a los heridos y atender a los desamparados las fuerzas leales a España avivaban un mensaje contra los patriotas.

Fue esta situación la que llevó a Simón Bolívar a pronunciar unas palabras que pasan a la historia no sólo por su importancia, sino por ser una respuesta contundente al mensaje dado por los predicadores: “Si la naturaleza se nos opone, lucharemos contra ella, y haremos que nos obedezca”

Este pasaje histórico que narramos fue analizado por Rogelio Altez, antropólogo e historiador, durante una entrevista para la Agencia Venezolana de Noticias sobre su  libro “Si la naturaleza se opone… terremotos, historia y sociedad en Venezuela”

Fueron dos los sismos de 1812

Los estudios realizados dan cuenta de dos movimientos telúricos ese 26 de marzo de 1812, con media hora de diferencia, el peor que haya soportado nuestro país, 8 en la escala de Richter, con epicentro en Caracas y zonas aledañas, abarcando un área de aproximadamente 600 km, y el otro una réplica del primero.

El reconocido antropólogo, graduado en la UCV y magíster summa cum laude en Historia de las Américas por la UCA Rogelio Altez, fue contratado en 1996 por la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, Funvisis, para que hurgara en los terremotos del pasado desde las fuentes primarias, con el fin de evaluarlos y establecer algunas conclusiones al respecto.

El libro de Rogelio Altez se divide en cinco partes o capítulos; cada uno de ellos aborda los fenómenos telúricos en forma amena, interesante. En primera instancia, habla de terremotos, miedo y olvidos para saltar a la leyenda y la historia, donde, en un estilo que se podría calificar de científico-literario, el antropólogo e historiador echa mano de narraciones y testimonios. Nos topamos con dos aspectos interesantes que abordan el terremoto de 1812: “Lo que Bolívar nunca dijo” y “Dos por uno”, haciendo alusión a los dos movimientos telúricos de aquel día.

Apunta Altez que el 26 de marzo de 1812, cuando el devastador terremoto asolara Caracas, Simón Bolívar estaría allí, y la historia le consagraría con cualidades que el aquel momento le prefiguraban como el personaje que posteriormente iluminaría el destino de toda una nación. Como no podría ser de otra manera, el hombre descollante en aquel desastre habría sido él, independientemente de que por entonces apenas fuese un coronel sin mayores destellos”.

La destrucción causada por aquel sismo puso a la ciudad en el suelo. Los gritos, lamentos y gemidos se guardaron en ecos tétricos que deambularon entre las calles durante décadas. Un testigo directo narró el momento de la siguiente manera:

“…Todo fue obra de un instante. Allí vi como 40 personas, o hechas pedazos, o prontas a expirar por los escombros… jamás se me olvidará este momento”.

Se trataba del médico y periodista caraqueño José Domingo Díaz, realista convencido, y por ende, opuesto a la propuesta revolucionaria. Domínguez es quien describe la actitud asumida por el Libertador en esos momentos.

“En su semblante estaba pintado el terror o la desesperación. Me vio y me dirigió estas impías y extravagantes palabras: Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

La idea de Domínguez, según acota Altez, era poner al pueblo católico en contra del movimiento, porque Bolívar había arremetido contra la iglesia, rechazando que aquello fuese un castigo de Dios.

“Su esfuerzo como realista consumado se vio diluido en la maquinaria mítica de la génesis nacional, perdiéndose así el sentido general de su idea”. Para el sacerdote Nicolás Eugenio Navarro, esta fue una escena consagratoria, con significado genial y profético.

La voluntad del pueblo revolucionario no se doblegó pese a la estrategia de terror del imperio español, y elevó a Simón Bolívar al puesto histórico que le consagraría como uno de los estrategas y filósofos más importantes de la América Independiente.

Abolición de la esclavitud en Venezuela

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A los venezolanos les llevó 38 años cumplir con la idea propuesta por el Libertador Simón Bolívar, en 1816, cuando se pronunció a favor de la abolición de la esclavitud.

Fue el 24 de marzo de 1854, cuando el presidente José Gregorio Monagas firmó el ejecútese del decreto que le dio por entonces una condicionada libertad a 60 mil esclavos que existían en Venezuela.

En el estudio “Bolívar y la abolición de la esclavitud en Venezuela 1810-1830” del investigador José Marcial Ramos Guédez, , se afirma que la campaña del Libertador contra la esclavitud fue cuestionada “desde el primer momento por la oposición que le manifiestan los sectores oligárquicos y los terratenientes amos de esclavos”.

Pese a ello el Libertador logra asomar la idea de liberar a aquellos hijos de África que lucharon a favor del ideal de la libertad.

En uno de sus pronunciamientos, Simón Bolívar afirmó que: “La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos: de aquí en adelante sólo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos”.

Como único recurso, le quedaba al Libertador dar el ejemplo y fue así como Bolívar hizo libres a  María Jacinta Bolívar, José de la Luz Bolívar, María Bartola Bolívar, Francisca Bárbara Bolívar, Juan de la Rosa Bolívar y Nicolasa Bolívar. Todos utilizaban el apellido de sus entonces dueños.

El Presidente José Gregorio Monagas decretó, en 1854, la definitiva abolición de la esclavitud condicionada al pago de una indemnización por parte del Estado a los mal llamados “amos”.

Pero Monagas no tuvo una tarea sencilla, cientos de personas se le oponían a este decreto, entre ellas la más empecinada era Vicente Amengual, quien sostenía que el proyecto era anticonstitucional y que ‘conduciría a la República a un abismo espantoso”, como narra un texto del Ministerio del Poder Popular para la Educación.

Pero Monagas era un hombre terco de su tiempo, quería para Venezuela el avance y desarrollo de políticas para mejorar la calidad de vida del país. Si bien su aprecio por la raza afroamericana pueda deberse a su relación con personas de este origen, durante sus años de crianza.

Desde 1854 hasta 1999 el tema del abuso de la esclavitud, y el reconocimiento de una raza resultante del encuentro entre americanos y africanos fueron totalmente invisibilizados, reservados a libros llenos de polvo en las bibliotecas del país. 145 años pasaron sin que el venezolano tuviera conciencia de esto.

El servilismo y la esclavitud 

Durante estos 145 años los que no se detuvieron en su afán por volver a la esclavitud fueron los descendientes de la idea de Amengual. Estas personas, normalmente pudientes y de apellidos reconocidos, se empeñaron durante un siglo y medio más en prolongar la esclavitud en una nueva versión.

Estas personas aplicaron la búsqueda sistemática de muchachas y muchachos de pueblos indígenas, zonas fronterizas y afrodescendientes, para darles pesadas labores del hogar y pagarles miserias.

En algunos casos, estos jóvenes que eran traídos a la capital de la República, no se les pagaba nada, se les daba comida y techo por sus labores. Como la esclavitud estaba prohibida, los nuevos amos se inventaban excusas para impedirles a estas personas estudiar, viajar o tener algún tipo de emprendimiento personal.

A partir de 1999, con el reconocimiento de la afrovenezolanidad, y la dignidad de empleos como el del servicio doméstico, se acaba con una práctica que se estaba convirtiendo en una nueva modalidad de esclavitud.

Los conserjes, personal de servicio doméstico, jardineros, y personal de mantenimiento lograron conquistas importantes desde 1999, que les dan miles de motivos para sentirse dignos de celebrar, 160 años después, la completa abolición de la esclavitud.

Venezuela conmemora el día internacional contra la discriminación racial

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Aunque parezca mentira, en pleno siglo XXI, todavía el tema de la discriminación por la descendencia racial de una persona sigue estando vigente. Países en diversos continentes tienen que vivir a diario como sectores de sus sociedades prefieren separar a las personas por el color de su piel, su acento, o su procedencia.

La discriminación es como una enfermedad silenciosa, no presenta síntomas en sus inicios pero acaba siendo mortal para la paz de las sociedades. Todo comienza como un juego de chistes y señalamientos, aderezados por el maltrato verbal o físico en forma de acoso.

Con las acciones, un sector de la sociedad comienza a separar a grupos poblacionales por sus diferencias étnicas y a darles limitaciones en el disfrute y ejercicio de sus Derechos.

El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial justamente se celebra el 21 de marzo de cada año, por conmemorarse el cruel asesinato de 69 personas en Suráfrica, en 1960, cuando la policía abrió fuego en una manifestación pacífica contra las leyes de pases del apartheid que se realizaba en Sharpeville.

Al proclamar el día seis años más tarde, la Asamblea General instó a la comunidad internacional a redoblar sus esfuerzos para eliminar todas las formas de discriminación racial en su resolución 2142 (XXI).

Pero esta proclama es una declaración de lucha. Aún hoy, países en el mundo tienen evidencia de discriminación, normalmente relacionada con los flujos migratorios y la presencia de refugiados en su territorio.

Desde insultos y agresiones físicas hasta carteles que impiden ingresar a ciertos establecimientos a personas de un origen o raza. Aún en pleno siglo XXI seguimos padeciendo este mal.

En Venezuela, hacia la década de 1990 comenzaron a aparecer en ciertos locales del este y sureste de Caracas letreros que discriminaban a las personas por su origen racial o por su vestimenta.

Aquello que comenzó como algo invisible provocó la reacción contundente de la sociedad, señalando a los locales, y dejando de asistir a ellos, hasta que los carteles fueran eliminados.

Aunque fueron criticados, nunca hubo una acción legal o una posición oficial del Gobierno de turno. Fue hasta el año de 1999, con la llegada de la Revolución Bolivariana, que el Presidente Hugo Chávez Frías habló por primera vez de forma oficial del reconocimiento de Venezuela como una nación multiétnica, con sus orígenes raciales en pueblos indígenas y africanos.

El tema del valor del afroamericano y el indígena para Venezuela empezó a tomar fuerza, y se crearon espacios propicios para el respeto y reconocimiento racial y la lucha contra la discriminación.

Hoy Venezuela goza de una sociedad consciente del respeto de las etnias y razas  que la constituyen. Y valora la coexistencia de árabes, judíos, afroamericanos, chinos, europeos con las etnias originales de esta sagrada tierra.

Prueba de ello es la posibilidad de que estas comunidades puedan tener el pleno disfrute de sus Derechos como ciudadanos y a su vez, puedan reunirse en organizaciones y comunidades que festejan sus orígenes.

Aún en la sociedad venezolana quedan secuelas muy pequeñas de estos grupos discriminatorios, aunque son ampliamente rechazados, su presencia hace que la lucha por la eliminación de la discriminación racial no se detenga.

El médico venezolano

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El 10 de Marzo se conmemora el día del médico en Venezuela, en honor al Natalicio del ilustre doctor José María Vargas, quien nació en 1786, y durante toda su vida trabajó con vocación al cuidado de todos los seres humanos sin distinción de raza, credo ni clases sociales.

La fecha fue establecida  en 1955, durante una reunión celebrada en la sede de la Federación Médica Venezolana, en la que se aprobó por unanimidad la propuesta del doctor Ángel Bajares Lanza, de adoptar el 10 de marzo como Día del Médico Venezolano.

Vargas obtuvo el título de licenciado y doctorado en Medicina, en la UCV, cuando sólo contaba 22 años de edad. Luego viajó a a Europa en busca de mayores conocimientos médicos y tras obtener el título de Maestro del Real Colegio de los Cirujanos de Londres, Inglaterra, retornó al país para ejercer su profesión y dedicarse a dar clases en la UCV, quien por sus méritos lo designó su primer rector.

Fue además ex presidente de la República, médico a carta cabal, en cuyo honor y como una manera de perpetuar su memoria, los galenos venezolanos celebran su día.

Revolución en la medicina

Durante la Revolución Bolivariana, se han obtenido grandes logros en la medicina y se ha reivindicado la dignidad de la salud como un Derecho Soberano del pueblo venezolano, los cuales nos permiten celebrar desde otra perspectiva un día pleno de logros.

Entre estos, destaca la creación de la Misión Barrio Adentro, Misión Milagro, Misión Sonrisa, Misión José Gregorio Hernández, Misión Niño Jesús, Centros de Diagnósticos Integral y Farmacias Populares.

La instalación de centros especializados como el Cardiológico Infantil, y la atención permanente en la red hospitalaria de la nación ha incentivado la reducción de la mortalidad infantil y elevado el índice de vida del venezolano.

Felicidades a todos los médicos venezolanos dedicados a salvar vidas con entusiasmo y amor.

Paramaconi, el pequeño caimán

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Un hombre hizo entender a los españoles entre la década de 1560 y 1570, que un caimán pequeño también es peligroso. 

Paramaconi, que significa caimán pequeño en la lengua autóctona, fue un cacique de la zona centro-norte-costera de nuestro país. Un hombre sosegado y de largas conversaciones, no dudó buscar a su hermano Guaicaipuro para unir filas en contra de los ejércitos invasores españoles.     

Ambos presentaron dura oposición a las tropas europeas invasoras. Su origen cumanagoto lo ubica en la recia raza caribe. 

En 1561 sorpresivamente, y luego de hacer un estudio de lo que ocurría en sus tierras, Guaicaipuro atacó las minas de la región de Los Teques, en donde murieron todos los españoles, incluyendo los hijos de Rodríguez Suárez. 

A la par el 7 de marzo, Paramaconi arrasó con sus guerreros la Villa de San Francisco, levantada por Rodríguez, en el mismo lugar donde Losada fundará a Caracas, seis años más tarde. 

Cuenta la historia que cuando Paramaconi ya tenía ganada la batalla, ocurrió que una estampida de ganado destrozó a sus bravos toromainas, y se vio obligado a retirarse. 

Paramaconi atacó más tarde, unido a la coalición de caciques, el sitio del Collado, hoy Caraballeda, en donde vencieron a Fajardo y éste se retiró a Margarita con sus hombres. 

En 1567, llegó Diego de Losada con el doble de la fuerza militar española, y realizó a la fuerza la fundación de Caracas. En 1568 se planea el ataque a Caracas por parte de la coalición de caciques, convocada por el gran jefe Guaicaipuro, pero la operación no tuvo éxito. 

A comienzos de 1570, Garci González decidió exterminar al enemigo y lo atacó de noche en su caney. Paramaconi en la lucha fue herido y González le mando a curar las heridas, este gesto hizo que Paramaconi se sentara a dialogar con los españoles y acordar la paz entre los pueblos.