¡Adiós corotos!

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El Diccionario de la Real Academia Española recoge tres acepciones de la palabra “coroto”, especificando que las tres tienen un uso coloquial en Colombia y Venezuela.

La primera es “Objeto cualquiera que no se quiere mencionar o cuyo nombre se desconoce”; la segunda “Cacharro de cocina o de la vajilla”, y la tercera “Poder político”. También da razón de dos locuciones de las que forma parte la palabra: arreglar los corotos, por liar los bártulos, y cargar alguien con los corotos, que significa irse con la música a otra parte.

Según Ángel Rosenblat (Estudios sobre el habla de Venezuela. Buenas y malas palabras. Monte Ávila Editores. Caracas, 1984) la versión etimológica de esta palabra tienen sus orígenes en Venezuela:

“Sobre el origen de coroto hay una hermosa anécdota. Se dice que Guzmán Blanco trajo de París un lienzo de Corot, el famoso paisajista. El general solía recomendar machaconamente al servicio: ¡Cuidado con el Corot! Las criadas empezaron a burlarse del ‘coroto’ del general, y la expresión se extendió a objetos más diversos.

Una variante de la anécdota atribuye dos cuadros de Corot al general José Tadeo Monagas. Al desplomarse la dictadura monaguista, el pueblo saqueó la residencia presidencial y arrastró por las calles los dos Corot, particularmente, apreciados por el presidente. Uno de los excontertulios, al ver la suerte infortunada de los cuadros exclamó: ¡Adiós corotos!”.

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